Al principio se creyó que la materia
era algo rígido e inamovible. Hoy se sabe que está compuesta de
pequeñas partículas en continuo movimiento. Con los números y las
cantidades ocurre lo mismo. Algún día se demostrará que los
números no son algo exacto, fijo e inamovible sino que oscilan y se
mueven – en el mejor de los casos - alrededor de una cifra o
cantidad media que es lo que nosotros conocemos como número.
Estas variaciones no son al azar sino
siguiendo una armonía cósmica y universal a la que yo llamo
sencillamente música. Por eso he creado mi Teoría musical de la materia.
El profesor David L. Goodstein del California Institute of Technology de California parece estar de acuerdo conmigo, o yo con él.
Cuando logremos superar los conceptos de continuidad o discreción podremos comprender el concepto de armonía musical que forma la esencia no sólo de la materia sino también del número y de nuestro propio pensamiento.
Las mentes de los primeros
matemáticos eran mentes que manejaban números asociados a las
observaciones y realidades astronómicas. ¿Qué quiere decir esto?
Pues que la realidad a la que se aplicaban era un realidad en
movimiento, cambiante, aunque cíclica, armónica y por tanto
recurrente. Una realidad astronómia periódica, llena de armonía y
de la música del movimiento de los astros. Poco a poco los
matemáticos dejaron de mirar el cielo y se fijaron cada vez más en
las pequeñas cosas de aquí abajo. Y las matemáticas y los números
fueron perdiendo su sentido orginal, cósmico, armónico, lleno de
movimiento y de música, para tender hacia una exactitud y una
precisión imposible. Así nació el cálculo, los límites, la
continuidad y la discontinuidad,con el intento de reducir su amplitud
cósmica y hacerlos capaces de medir mercancías, compras, ventas,
los días del año y los años de la vida de las personas.
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| Esfera armilar. |
Newton – matemática, físico y
filósofo - volvió a enfrentarse en el siglo XVII con esta
contradicción. Su mente pensaba como la de los primeros matemáticos
y por eso lo pensaba todo en movimiento. Creó la Ley de la
gravitación universal e investigó la naturaleza de la luz como
físico. Como matemático creo su Teoría de las fluxiones.
Recordando, para probar justamente lo contrario - siguiendo a Heráclito -, 2140 años después,
las paradojas y la teoría de los límites de Zenón de Elea.
Zenón trató de probar la
inexistencia del movimiento y del espacio. Y estaba en lo cierto. De
acuerdo con los presupuestos de la matemática que había dejado de
mirar al espacio ya no se podía probar la existencia del movimiento
ni del espacio, ni demostrar el paso del tiempo. Todo esto te
parecerá, querido lector, querida lectora, muy poético. Sin embargo
es absolutamente científico. Tal vez por ello la matemática es una
de las ciencias más apasionantes que existen. Quizá porque nos
obliga a mirar de nuevo a los astros y a las estrellas que conforman
nuestro propio contexto. Y a entender nuestra realidad, no como la
desean los economistas, los contables, las aseguradoras y los
banqueros. Sino como la que deseamos los poetas.

13 de octubre de 2014. Recojo el testigo que dejé antes del verano para seguir aprendendo a contar y a cantar.
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